Se oyen muchas paridas en torno a esta palabra, la mayoría basadas en una filosofía romántica de dudosísima veracidad. Tras mucho pensar, he llegado a la conclusión de que todas esas frases tan bonitas que llegan en modo de cadena al correo electrónico no son más que palabrería sensiblera, que suena genial pero no tiene nada de real.
La amistad no es dar sin esperar recibir; es un intercambio bien meditado de favores. Yo quiero alguien con quien salir los domingos por la tarde; tú buscas compañía en los recreos... Yo necesito ayuda para estudiar; tú a alguien que te aguante cuándo tengas los líos de siempre con tu madre...
Y que sea un intercambio no hace que sea algo "menos especial", o más egoista. Los seres humanos necesitamos crecer mental y espiritualmente, y es maravilloso que podamos hacerlo en compañía de los amigos. Y es más maravilloso aún que no seamos tan gilipollas de concebir verdaderamente la amistad como un "dar sin esperar recibir", como tantas veces he oído. Si fuera así, seguiríamos eternamente al lado de cualquier persona, independientemente de que nos hiciera favores y nos ayudara o no; y eso no sería una amistad, si no una relacción autodestructiva...
Claro, que uno puede hacerte muchos favores, pero si te trata de gilipollas en cuánto te das la vuelta (o sin vuelta, que también he visto a más de uno que es así), no es un amigo, si no un gilipollas. Y es que un buen amigo no tiene por qué apoyar todas tus decisiones, pero lo que jamás hace es juzgarte a ti por ellas, y eso es lo que más le diferencia de un extraño. Si dices una chorrada, aunque sea en broma, alguien ajeno pensará: "Qué gilipollas". Un amigo, dirá que qué gilipolleces dices... pero a ti no te calificará a ti por tus palabras...
Y ahora podría explicar que la gente normalmente popular es aquella a la que pocos juzgan, no se cumple la primera condición (los favores) con todo el mundo, así que no todos son sus amigos, pero sí juzgan sus actos y no tanto su persona... pero el artículo se hace largo, y no hay ganas.